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Companys

El mártir y la verdad

Enric Vila

El periodista e historiador Enric Vila ha escrito una apasionante y apasionada biografía de Companys (Lluís Companys. La veritat no necessita màrtirs, L´Esfera dels Llibres, Barcelona, 2006). Apasionada porque no se trata de una fría recopilación de datos sobre la vida de Companys, sino de una interpretación subjetiva del personaje enmarcada en una interpretación también subjetiva de su época. Y apasionante porque el libro está soberbiamente bien escrito, con el nervio literario propio de los grandes clásicos del género: Stefan Zweig, Emil Ludwig o, entre nosotros, Josep Pla, este último particularmente influyente en el estilo literario y en el tono anticonvencional de toda la obra.

Enric Vila, colaborador habitual de Avui, a pesar de su juventud, ya empieza a tener una obra considerable. Su primer breve ensayo sobre Néstor Luján, no sé si bien fundamentado, demostraba en todo caso su habilidad para penetrar en el fondo de un personaje. Pero lo más destacado para contextualizar la biografía que comentamos es destacar que Enric Vila es un nacionalista confeso, tal como queda claro en el libro, con una visión de Catalunya marcadamente esencialista y, por tanto, nada sospechoso a los ojos de otros nacionalistas de ser un traidor a la patria, un enemigo interior poseído por el famoso autoodio.

Probablemente por esta razón, su biografía de Companys -tal como vaticinó Enric Ucelay Da Cal- ha sido objeto de un vacío, de un claro ninguneo, por parte del mundo intelectual, pese a tratarse de un libro excelente que pone en cuestión, de forma argumentada, algunos grandes mitos catalanes del primer tercio del siglo XX: el catalanismo de izquierdas, la Segunda República en Catalunya, la ERC de aquella época, el Sis d´Octubre, la CNT-FAI, la Guerra Civil y, sobre todo, la venerada figura del president mártir.

Según Vila, Companys tuvo una muerte dignísima tras una vida política desastrosa. Los historiadores sólo recuerdan lo primero y olvidan lo segundo, dado que si lo recordaran deberían cuestionar todos los grandes mitos de la historiografía catalana a que antes me he referido y que el autor desmenuza razonadamente con detalle. Ésta es la tesis central del libro. Es obvio que la puesta en cuestión de estos mitos daría al traste con la historia oficial que lamentablemente se está construyendo, la memoria histórica esbozada en el preámbulo del nuevo Estatut y que se pretende fijar como la verdad sobre el pasado que fundamente los problemas de la hora presente. Más subjetiva y atrevida es una segunda tesis, algo cruel, de corte psicologista: tras la derrota y el exilio, consciente de su culpa en el desastre, Companys busca -y consigue- una muerte heroica que lo convierta en mártir y lo redima ante las generaciones futuras.

Ambas tesis atraviesan toda la obra. Vila reconoce la dignidad de la muerte de Companys, pero busca, ante todo, la verdad histórica. La personalidad del presidente la estudia el autor a través de su vida. Debido a la mala relación con su padre, Companys busca un referente político que lo sustituya: Lerroux, Layret, Seguí y Macià serán las figuras en las que sucesivamente se irá cobijando, dada su escasa formación política. De ahí que será republicano y obrerista a lo largo de toda su vida, y anticatalanista hasta el 14 de abril de 1931. A partir de ahí, transmutado por la institución que llegará a presidir y por circunstancias de su vida privada, Companys se irá convirtiendo progresivamente al nacionalismo catalán, que acabará siendo, al final de su vida, la gran razón de su existencia.

Así, el president mártir aparece retratado como un personaje veleta, un combativo idealista con poca formación intelectual -tardará 18 años en acabar la carrera de Derecho-, un romántico más apasionado que inteligente, un personaje simpático, hábil, charlatán, generoso y buena persona con los amigos; pero un desastre como político. Se deja llevar por los independentistas el 6 de octubre de 1934, cede ante la FAI en los primeros meses de guerra, cerrando los ojos ante tantos asesinatos, y deja que la Generalitat se someta al Gobierno de Madrid tras los Fets de Maig de 1937. Impotente y contradictorio siempre, de principio a fin, hasta el desastre final.

Más allá de ceñirse estrictamente al personaje, la biografía de Companys es también un reflejo de su época. Analiza la inanidad del catalanismo republicano de izquierdas hasta 1931, la escasa calidad de los dirigentes de ERC y las grandes contradicciones internas que tuvo ese partido desde sus inicios. Como consecuencia de todo ello, relata bien la frivolidad del Sis d´Octubre y las circunstancias de una Catalunya, antes y durante la guerra, que no tiene nada que ver con el pretendido oasis de cultura y civilidad dentro de una España rencorosa y guerrera que nos pretende vender continuamente TV3 de acuerdo con la memoria histórica oficial. La Guerra Civil fue un desastre sin paliativos, no una heroica historia de buenos y malos.

Todo el libro tiene interés histórico para comprender la actualidad. Pero en sus páginas finales hay dos alusiones explícitas a la política catalana de hoy. Dice Enric Vila que al escribirlo ha descubierto que ‘la frivolidad, el cainismo y el bajo nivel de la clase política catalana viene de muy lejos’; y añade que la ERC de antes de la guerra era menos catalanista que la actual pero más parecida al Gobierno tripartito. No está mal visto. Lean el libro y verán que hay muchas más cosas que, desgraciadamente, están de actualidad. (El mártir y la verdad. Francesc de Carreras. La Vanguardia. Abril de 2007)